jueves 4 de febrero de 2010

Uno de cada dos poetas nació maldito.

Y si pierdo viento,
si las riendas del ala izquierda
no sincronizan con el vuelo. Pierdo sintonía.
Y lo demás suena a ruido sin palabra.

La perdición pesa como plomo sobre las piernas,
y me digo Salta.
- Aunque sólo haya piedra.
Siempre será mejor que mirar al abismo con los ojos cerrados.

Y me digo -Prometí frente a ti, que ya no latías,
que ya no respirabas. Que ya no permanecías entre los vivos.

Y sé que me has dado tregua para cercenar el pensamiento.
Para volver con la promesa de continuar.
Con la voluntad de Saltar. Aunque el miedo al golpe,
sea mi menor preocupación.

Y sé que los días nublados son como las sonrisas torpes.
Las sonrisas prostituídas en el mar muerto,
que son los rostros condenados.
La delicada sutileza
de la mentira intrínseca.

Y entrando en los fabulosos 20 años
me digo -qué fábula. O qué leyenda.
Fabulosos 15 años eran los de la niña bonita.
- Qué niña. Y qué hay de bonito en la época de la estima terrible.
Igual de Fabulosa la infancia.
- La mía es la del Principito, y la flor destapó el drama.

De Fabulosa-a Fábula-a una histriónica percepción
de los positivistas colgados de la narrativa colorín y nube.
No se salvó Sartre, ni Larra.
No se salvó Rimbaud. Ni Lautremont.
Uno de cada dos poetas está maldito.

viernes 29 de enero de 2010

En el pasado llevamos sujetas las traducciones del presente

Su piel era un tratado de paz y guerra, estaba llena de estigmas, y sin embargo, no cabía la posibilidad de ver cicatriz alguna. Escribía de dentro para afuera, como el corazón de alguna fruta, o algún recuerdo. Latía breve pero rápido, como cualquier sentimiento sin pavimentar en el tiempo. Sin recubrir de más emociones que la del momento. Y así iba perdiendo batallas con la punta de los pies alzados para ver mejor la escena de su vida. Hacía guiones que hablaban de su alter ego. Escribía versos para salvarse una y otra vez de la fuerza del naufragio. Hablaba en pocas ocasiones de la marea de sus pensamientos, el agua siempre hasta el cuello, y sabía nadar, pero no sumergirse. Y sabía oler pero no respirar. El desastre en el amor era como una película de David Lynch, y las piezas visuales sólo venían a más con una obra a piano y a solas.
El llanto nunca tuvo origen. Si quiera consideraba el parto como un punto de partida. Pero la trayectoria era algo que rompía el soliloquio circular de los acontecimientos. Y perdió numerosas cosas, hasta que perdió a alguien importante. Entonces pensó que la pérdida era un universo hasta entonces desconocido para ella. Y se violó la culpa por haberse fomentado la incertidumbre.
El -No sé- era su oración en la noche.
Y en pocas ocasiones vio decisión en sus pies de cemento.
Sus ojos dictaban más sentencias que sus palabras. Y cada sensación erizaba los sentidos, pero pasaba inadvertida para el léxico denso del aire que precede a la voz.
Ella gritaba al caos como a un ente empírico. Pero el caos era una realidad tangible, y sin encanto. Un infierno infame y subterráneo, alejado. Y sin embargo lo más lejos de ella, era ella misma.
Le dijeron que el miedo era la historia de los otros, que nacíamos con dos miedos: el ruido y la caída. Y todo lo demás era una consecuencia del contacto con el mundo.
Y en un momento dado, escuchó: Deja aquí lo que quieras, y decidió abandonar complejos y culpa, y rabia, y dolor. Aún no sabe si siguen con ella. Pero algo tiene claro: como los versos, hay abandonos que también salvan. Y hay salvaciones que comienzan con una derrota.

miércoles 13 de enero de 2010

Nuevos horizontes.

http://www.flickr.com/photos/101versosdevodka/

martes 12 de enero de 2010

Corto Alcance.

Sonríe. Aunque aquí.
Aunque allí.
Aunque ese punto medio sea el pensamiento.
Aliento y desaliento, todo parecía una misma tregua.
Aún huele a nuestras tardes.
Aunque llueva, nieve.
Ningún infinito nos roba la respuesta.
El incendio impera en la pausa.
Y aunque aquí,
y aunque allí,
y aún con la parálisis del tiempo,
en mis huecos sigue la prisa de nuestra vuelta a empezar.
Rodamos hasta desangrar la piel.
No hay evidencias.
Sólo hay prerrogativas.
Aunque aquí.
Aunque allí.
El concierto en el pulso lleva semanas insonorizando el mundo.
Y que siga su sordera.
Y que continúe mi mudez
al rescatar las noches de imán y lluvia.

sábado 9 de enero de 2010

Respira Hondo.


A estas alturas del día que nubla el gesto,
ante la persistencia sepia del cielo,
con los contrastes del ayer y del hoy reunidos con la piel,
a estas alturas del humo tratado como turista en el pulmón,
y la salud como pasajera,
en estos momentos de sed diurna,
y de hambre de otra boca a kilómetros de espera.
A estas alturas de tregua primaria,
de saliva subterránea,
del viaje imperativo...
Me privo del pensamiento.
Me pauso.
Suenan interferencias.
Respira hondo.

martes 5 de enero de 2010

Tratado de últimos impactos.

Trato de desplazar saliva al rincón de los impactos desconocidos.
Quizá para descubrir que me dejé la boca en la noche.
Quizá para amenazar a la luna con otro encuentro de cuerpos en la sombra.

Trato de traducir las palabras entrecortadas,
quizá para descubrir que la filología de los labios es
la imposible.

sábado 26 de diciembre de 2009

Paralela

Vida que sigue,
y que no resta,
que se sucede, de burdel en burdel,
como una tempestad de labios rojos.
Vida que continúa,
y que no suma,
que se presencia, de ojo en ojo
como una línea recta en el oceáno de los nudos.