Y si pierdo viento,
si las riendas del ala izquierda
no sincronizan con el vuelo. Pierdo sintonía.
Y lo demás suena a ruido sin palabra.
La perdición pesa como plomo sobre las piernas,
y me digo Salta.
- Aunque sólo haya piedra.
Siempre será mejor que mirar al abismo con los ojos cerrados.
Y me digo -Prometí frente a ti, que ya no latías,
que ya no respirabas. Que ya no permanecías entre los vivos.
Y sé que me has dado tregua para cercenar el pensamiento.
Para volver con la promesa de continuar.
Con la voluntad de Saltar. Aunque el miedo al golpe,
sea mi menor preocupación.
Y sé que los días nublados son como las sonrisas torpes.
Las sonrisas prostituídas en el mar muerto,
que son los rostros condenados.
La delicada sutileza
de la mentira intrínseca.
Y entrando en los fabulosos 20 años
me digo -qué fábula. O qué leyenda.
Fabulosos 15 años eran los de la niña bonita.
- Qué niña. Y qué hay de bonito en la época de la estima terrible.
Igual de Fabulosa la infancia.
- La mía es la del Principito, y la flor destapó el drama.
De Fabulosa-a Fábula-a una histriónica percepción
de los positivistas colgados de la narrativa colorín y nube.
No se salvó Sartre, ni Larra.
No se salvó Rimbaud. Ni Lautremont.
Uno de cada dos poetas está maldito.
Matadme, os dejo.
Hace 2 días


